Jueves 11 de junio de 2026 |
Publicado a las
01:43 | Actualizado a las 01:43
El mérito por sobre las trincheras
El mérito por sobre las trincheras
El nombramiento del expresidente Eduardo Frei Ruíz Tagle, como Embajador de Chile en Misión Especial, y la defensa que él mismo ha tenido que realizar ha generado una discusión que trasciende a su figura y que toca uno de los problemas más profundos de la política contemporánea, la incapacidad de reconocer capacidades y trayectorias.
Al leer las críticas provenientes de algunos sectores políticos, resulta difícil comprender por qué el hecho de que una persona desempeñe una función pública debido a su experiencia, conocimientos y redes internacionales debería ser motivo de cuestionamiento. En cualquier democracia madura, el mérito y la competencia técnica debieran constituir criterios fundamentales para la designación de cargos estratégicos, especialmente en áreas tan sensibles como las relaciones internacionales.
La política no puede transformarse en un permanente ejercicio de reemplazo. Cuando eso ocurre, el Estado pierde continuidad, experiencia acumulada y capacidad de proyectar políticas de largo plazo. Precisamente por ello, las naciones más desarrolladas suelen preservar en determinados espacios a personas cuyo aporte trasciende las coyunturas partidistas.
Las declaraciones de Frei sobre la polarización merecen atención. Más allá de que pueda discutirse la intensidad de su afirmación, es evidente que Chile ha experimentado un deterioro en el diálogo político durante los últimos años. Con frecuencia, el debate público parece centrarse más en la identidad política de quien emite una opinión que en el contenido de sus argumentos. El resultado, es una creciente dificultad para construir acuerdos y reconocer virtudes en quienes piensan diferente. La imagen del presidente Kast como Pinocho, más allá de los comentarios dados por la presidente del partido socialista, es una alerta que debemos tener a la vista.
La democracia requiere no sólo pluralismo, sino que también exige la capacidad de valorar el talento, la experiencia y el servicio público más allá de las etiquetas partidarias. Criticar una designación exclusivamente porque la persona no pertenece al sector político gobernante y la oposición lo asume como una traición, revela una visión estrecha del funcionamiento del Estado y de los desafíos que enfrenta el país.
Quizás la verdadera discusión no debería ser si Eduardo Frei pertenece o no a determinado sector político, sino si posee las capacidades para representar adecuadamente los intereses de Chile. Si la respuesta es afirmativa, como parece demostrar su trayectoria y experiencia internacional, entonces su nombramiento debe ser visto como una fortaleza institucional y no como un problema político.
En tiempos de creciente fragmentación, el país necesita más puentes y menos trincheras. Reconocer el mérito donde existe, independientemente del color político, constituye una señal de madurez democrática que Chile no debiera perder.





