Martes 12 de mayo de 2026 |
Publicado a las
00:46 | Actualizado a las 00:46
Arqueología y ciudad, el desafío de planificar
Arqueología y ciudad, el desafío de planificar
Antes de dar mi opinión, quiero aclarar que soy una firme defensora de la arqueología y de la necesidad de preservar nuestra memoria histórica. Las ciudades no solo se construyen con cemento y asfalto; también se edifican sobre relatos, huellas y vestigios que permiten comprender quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí. Renunciar a ese patrimonio sería empobrecer nuestra identidad. Sin embargo, la protección del patrimonio no puede desligarse de la planificación, de la gestión eficiente y de medidas de mitigación que consideren la vida cotidiana de las personas.
Hoy vemos en Valdivia cómo la ciclovía de Pérez Rosales vuelve a ser intervenida arqueológicamente. Desde la mirada técnica y académica, aquello representa una oportunidad invaluable para investigar y resguardar parte de nuestra historia. Pero la pregunta que debemos hacernos es, ¿qué observa el ciudadano común, aquel que no está involucrado en los debates arqueológicos o históricos? Lo que percibe es, nuevamente, una obra detenida, un espacio intervenido y una ciudad que parece avanzar a un ritmo lento e incierto.
La percepción pública importa, porque las políticas patrimoniales también dependen de la legitimidad social. Y esa legitimidad se debilita cuando la ciudadanía asocia el resguardo histórico con retrasos permanentes, calles cerradas y proyectos inconclusos. Más aún en una ciudad que viene saliendo de años marcados por el cierre de espacios emblemáticos como las plazas Pedro de Valdivia y Chile, cuyos trabajos se extendieron mucho más allá de lo esperado. A ello se suma un tramo de Pérez Rosales que aún no logra completarse, alimentando una sensación de agotamiento urbano y de improvisación institucional.
El problema no es la arqueología ni los arqueólogos. El problema es la ausencia de una planificación integral capaz de anticipar escenarios, coordinar instituciones y ejecutar obras sin transformar la ciudad en una suma interminable de cierres y excavaciones. En ciudades con alto valor patrimonial, los estudios arqueológicos no deberían aparecer como sorpresas de última hora, sino como etapas incorporadas desde el inicio en los diseños y sus respectivos cronogramas.
Proteger el patrimonio y garantizar una ciudad funcional no son objetivos opuestos. Por el contrario, deben convivir mediante políticas modernas, transparencia en los plazos y estrategias de mitigación que reduzcan el impacto sobre vecinos, peatones y comerciantes. Porque una ciudadanía que siente que su ciudad está permanentemente detenida termina viendo el patrimonio no como una riqueza, sino como un obstáculo. Y ese es un riesgo cultural que también debemos evitar.





