Sábado 11 de abril de 2026 |
Publicado a las
10:48 | Actualizado a las 10:49
Universidades, crisis versus oportunidad
Universidades, crisis versus oportunidad
La semana pasada planteaba una idea que, lamentablemente, vuelve a confirmarse, vivimos en una sociedad que reacciona antes de reflexionar. Lo ocurrido este miércoles en la Universidad Austral, no hace más que reforzar esa preocupación. Fuimos testigos de una escena que cuesta calificar. Fue triste, aberrante, desconsoladora. Probablemente, todo eso a la vez. La agresión sufrida por la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao, en el contexto de la inauguración del año académico de la Universidad Austral, es sin duda un síntoma preocupante de algo más profundo.
El contexto importa. Las universidades, por definición, son espacios donde se cultiva el saber, se forman profesionales y, sobre todo, se promueve el pensamiento crítico. Son lugares donde el debate debe ser permanente. Un diálogo muchas veces incómodo, pero siempre respetuoso. Son espacios donde las ideas se confrontan con argumentos y no con violencia. Sin embargo, nada de eso se vio reflejado en la forma en que una parte de la comunidad universitaria decidió manifestarse.
Lo ocurrido no solo afecta a una autoridad de gobierno, sino que daña la esencia misma de la institución denominada Universidad. Porque cuando la intolerancia se instala en espacios que debieran ser faros de reflexión, lo que se erosiona no es solo la convivencia, sino también la legitimidad del conocimiento como herramienta de transformación social.
Pero no todo es oscuridad. Como contrapunto, en otro centro de estudios de la región, un grupo de académicos se encontraba, en el mismo momento, dialogando con diversos actores del territorio sobre desafíos clave: descentralización, inclusión y transferencia de conocimiento. Una escena distinta, absolutamenteopuesta, que muestra que sí es posible construir desde el diálogo, desde la colaboración y desde una mirada de largo plazo.
Ahí está la diferencia. Mientras unos optan por la descalificación y la agresión, otros eligen el camino más difícil pero más fructífero, el de la conversación y el trabajo conjunto. La pregunta que queda abierta es cuál un de estos caminos queremos como sociedad. Porque reaccionar es fácil; reflexionar, en cambio, exige esfuerzo, responsabilidad, constancia y, sobre todo, voluntad.




