Sábado 04 de abril de 2026 |
Publicado a las
13:44 | Actualizado a las 13:44
El legado de un activista: José «Pepe» Araya
El legado de un activista: José «Pepe» Araya
Sentí una gran conmoción en la Fuerza… como si miles de voces en Los Ríos gritaran de asombro y, de pronto, fueran silenciadas. Temo que ha ocurrido algo terrible. Con esta paráfrasis intento sintetizar el estremecimiento que nos ha atravesado estos días ante la partida de uno de los dirigentes sociales más grandes que ha conocido nuestro territorio.
El pasado 2 de abril falleció en su hogar José «Pepe» Araya. Fue una cruel coincidencia del destino: ocurrió el mismo día en que cumplía 63 años. La comunidad de Los Ríos, e incluso habitantes de otras regiones, han rendido un justo homenaje a una trayectoria marcada por la coherencia, la honestidad y una profunda humildad en su rol como figura clave de los movimientos sociales en el sur austral de Chile. Sin embargo, al escuchar los diversos testimonios durante su despedida, resulta inevitable preguntarnos si, quizás, Pepe no merecía todavía más de nuestra parte.
Se han publicado numerosos y sentidos obituarios en redes sociales. Por mi parte, quisiera destacar ciertos valores fundamentales que se repiten en esas decenas de publicaciones y que dan cuenta de la estatura humana del amigo y compañero que hoy despedimos.
En primer lugar, Pepe era un activista en el sentido más profundo y contundente de la palabra. Era un líder que, ante todo, activaba procesos; nunca se quedó atrapado en el diagnóstico o la crítica superficial. ¿Cuántas veces analizó con rigor una vulneración de derechos para luego elaborar un plan de acción concreto que revirtiera esa injusticia? Con justa razón lideró cada proceso donde tuvo una propuesta, pero también supo sumarse con humildad como un integrante más de la comunidad cuando la causa lo requería.
Es justo recordar que, mientras muchos de nosotros nos limitábamos a entregar una moneda por caridad a quien pasaba por una desgracia, Pepe nos dio un ejemplo de dignidad. Cuando encontró a un amigo de todos, Juanito Molotov, viviendo bajo un puente, movilizó voluntades con éxito hasta lograr que tuviera una casa propia donde vivir con dignidad.
Con esa misma capacidad de trabajo, impulsó avances en la defensa de los Derechos Humanos, el medio ambiente y la gestión cultural; en definitiva, luchó por un desarrollo social justo y sostenible. Su presencia en todos los espacios se volvió tan natural que, quizás, no fuimos conscientes de que una capacidad de trabajo y creatividad como la suya es algo que rara vez se encuentra.
Quienes participamos en movimientos sociales con la esperanza de profundizar la democracia sabemos de derrotas. Pero, ahora que lo pienso, nunca vi a Pepe bajar los brazos; jamás lo vi habitando el desánimo. Si me permiten otra paráfrasis: siempre noble, constante y valiente lo encontraron los hijos de esta tierra.
Cuando se pierde un plebiscito o una elección, siempre aparece alguien con una pregunta para la que no tenemos respuesta en el primer momento: ¿qué vamos a hacer ahora?
Hoy, cuando ya empezamos a sentir su ausencia, me atrevo a ofrecer una respuesta. Ahora vamos a caminar por la estela que José «Pepe» Araya deja en su viaje a la eternidad. Vamos a redoblar la energía y la inspiración para trabajar, bajo su ejemplo, por la libertad y la felicidad de todas y todos.




