Domingo 06 de septiembre de 2026 |
Publicado a las
10:32 | Actualizado a las 10:33
Fiestas Patrias, identidad, memoria y encuentro cultural
Fiestas Patrias, identidad, memoria y encuentro cultural
Cada septiembre, Chile se viste de tricolor. Las banderas ondean nuestras calles, casas, escuelas y plazas. La cueca vuelve a ocupar un lugar central y las familias se reúnen para celebrar Fiestas Patrias. Es sin duda, el momento del año en que con mayor fuerza hacemos visible nuestra identidad nacional.
Pero en los últimos años ha surgido una temática que debemos aborda. ¿Qué ocurre cuando, en medio de nuestras celebraciones , aparecen bailes y expresiones culturales provenientes de otros países latinoamericanos?
La pregunta no debería ser si esos bailes tienen o no cabida. La verdadera pregunta es cómo los incorporamos y qué significado les damos.
El año pasado esta discusión ya estuvo presente a raíz de una situación ocurrida en un establecimiento educacional. Más allá de las interpretaciones particulares que pueda haber generado aquel episodio, resulta necesario aprovechar este tipo de situaciones para reflexionar sobre algo mucho más profundo y que se refiere al rol que cumplen las tradiciones en la preservación de nuestra memoria colectiva.
Un baile peruano, venezolano, colombiano, argentino o boliviano no tiene por qué convertirse automáticamente en una amenaza para la nuestra identidad. Por el contrario, puede ser una oportunidad para reconocer que nuestras sociedades son diversas y que Chile forma parte de una comunidad latinoamericana con múltiples historias, intercambios y raíces culturales. Lo fundamental se encuentra en la contextualización. No es lo mismo presentar un baile extranjero simplemente como parte de un acto de Fiestas Patrias, sin ninguna explicación, que anunciarlo, por ejemplo, de la siguiente manera, desde el Perú, nos visitan para rendir homenaje a Chile y acompañarnos en la celebración de nuestras Fiestas Patrias. Lo mismo se aplica al incorporar expresiones culturales de Venezuela, Colombia o cualquier otro lugar de nuestra América o de algún otro continente. Es muy distinto presentarlas con la explicación de culturas que hoy forman parte de nuestra sociedad y que, desde sus propias tradiciones, quieren participar de una celebración chilena.
Como lo hemos planteado en otras oportunidades, el relato es fundamental puesto que las palabras crean realidades. Por ello, la manera en la que presentamos una expresión cultural puede transformar completamente su significado. No se trata de reemplazar la cueca por otros bailes, sino de comprender que una celebración puede tener espacios de encuentro sin perder nuestra identidad.
Porque si algo debemos cuidar, especialmente en los establecimientos educacionales, es que nuestros niños y jóvenes conozcan aquello que estamos celebrando. Que sepan por qué se conmemora el 18 de septiembre; que reconozcan la cueca y nuestras distintas expresiones culturales como las tradiciones campesinas, la música, los juegos, la gastronomía y las particularidades culturales de las distintas regiones de Chile. Que comprendan, además, que nuestra identidad no es una pieza inmóvil, sino una construcción histórica que se transmite entre generaciones. Las tradiciones son el pilar de nuestra memoria.
Una comunidad que deja de transmitir sus tradiciones corre el riesgo de perder parte de aquello que le permite reconocerse a sí misma. Por eso, la incorporación de nuevas expresiones culturales no debería significar abandonar las propias. El desafío es justamente el contrario, fortalecer nuestra identidad para poder encontrarnos con otras culturas desde el conocimiento y no desde la inseguridad. No podemos caer en el extremo de pensar que preservar nuestras tradiciones significa cerrar las puertas a cualquier expresión cultural que no sea chilena. La identidad que necesita excluir para sobrevivir probablemente es una identidad que no identificada y valorada.
En una sociedad cada vez más diversa, nuestras Fiestas Patrias pueden convertirse en un espacio de encuentro. Podemos celebrar Chile y, al mismo tiempo, permitir que quienes llegaron desde otros países compartan sus propias expresiones culturales. Pero debemos ser capaces de distinguir entre integrar y sustituir, dialogar y confundir, enriquecer y desplazar.
Chile tiene una riqueza cultural enorme. Nuestra memoria está construida por pueblos originarios, tradiciones rurales, culturas regionales, migraciones, intercambios y múltiples procesos históricos. Precisamente por eso, debemos enseñar a reconocerla, valorarla y transmitirla. Nuestras Fiestas Patrias son una buena ocasión para ello. Porque celebrar lo nuestro no exige desconocer lo ajeno. Pero tampoco podemos olvidar que esta fiesta tiene un protagonista, Chile. Y quizás ahí está el equilibrio que necesitamos recuperar. Abrir las puertas al encuentro cultural, pero sin cerrar el libro de nuestra propia memoria.





