Capital natural: la inversión más rentable que aún no contabilizamos

Capital natural: la inversión más rentable que aún no contabilizamos

Capital natural: la inversión más rentable que aún no contabilizamos
Imagen de archivo: Consecuencias tras intenso sistema frontal | Delegación Presidencial de Los Ríos
Capital natural: la inversión más rentable que aún no contabilizamos
Imagen de archivo: Consecuencias tras intenso sistema frontal | Delegación Presidencial de Los Ríos

Publicado por: Jorge Alvial Pantoja

Compartir en Facebook Compartir en Whatsapp Compartir en Telegram Copiar enlace

Las intensas lluvias registradas recientemente en la comuna de Corral, nos recuerdan una verdad que muchas veces olvidamos: la naturaleza no solo forma parte del paisaje, también constituye infraestructura.

Cuando un bosque nativo retiene agua, cuando un humedal amortigua una inundación o cuando una cuenca bien conservada reduce la erosión y estabiliza los caudales de un río, se está prestando un servicio esencial para las personas, la economía y el territorio, son funciones que normalmente pasan inadvertidas hasta que dejan de existir.

Durante mi gestión como Delegado Presidencial Regional de Los Ríos tuve la oportunidad de trabajar junto a los vecinos del sector El Boldo de Corral, para destrabar un proyecto de inversión que permitiera mejorar las condiciones de vida de la comunidad. Hoy, frente a los efectos de las lluvias en ese lugar, resulta inevitable preguntarse si estamos invirtiendo lo suficiente en la infraestructura que no se ve, pero que protege permanentemente a nuestras comunidades.

Ese es el concepto del capital natural, el cual comprende bosques, humedales, ríos, estuarios, cuencas hidrográficas, suelos y biodiversidad que sostienen la vida y la actividad económica, no se trata únicamente de patrimonio ambiental, son activos estratégicos capaces de generar seguridad hídrica, almacenar carbono, regular el clima, disminuir inundaciones, proteger la producción agrícola, mejorar la calidad del agua y fortalecer la resiliencia frente al cambio climático. Durante mucho tiempo estos beneficios fueron reconocidos solo desde una perspectiva ecológica, hoy sabemos que también poseen un enorme valor económico.

Un estudio reciente desarrollado por el Banco Interamericano de Desarrollo, junto a la Universidad de Stanford y el Comité de Capital Natural de Chile, aplicó por primera vez en nuestro país una metodología de valoración del capital natural a escala de cuenca. El caso piloto fue la cuenca del río Bueno, en las regiones de Los Ríos y Los Lagos, los resultados resultaron ser reveladores.

El estudio estima que los servicios ecosistémicos que presta esa cuenca generan beneficios del orden de US$496 millones anuales, principalmente asociados a la regulación climática mediante almacenamiento de carbono, la regulación hídrica y la retención de sedimentos. Dependiendo de los escenarios analizados, ese valor podría superar los US$2.200 millones por año. Más importante aún, el estudio demuestra que estos beneficios pueden ser incorporados en la toma de decisiones públicas y privadas.

Ya no basta con afirmar que un humedal o un bosque «son importantes», hoy existen herramientas científicas que permiten estimar cuánto valor generan para la sociedad y cuáles son los lugares donde invertir en conservación o restauración produce mayores beneficios ambientales, económicos y sociales. Este cambio de paradigma resulta especialmente relevante para Chile.

La Región de Los Ríos ofrece condiciones excepcionales para liderar esta nueva mirada, sus extensas cuencas, bosques templados lluviosos, humedales, estuarios y ríos constituyen uno de los mayores patrimonios naturales del país, protegerlos no representa una restricción al desarrollo, representa una inversión estratégica.

Los episodios vividos recientemente en Corral muestran con claridad que prevenir siempre será más eficiente que reconstruir, cada hectárea de bosque conservado, cada humedal restaurado y cada cuenca protegida reducen riesgos futuros y generan beneficios que muchas veces superan ampliamente el costo de la inversión inicial.

Por ello creo que ha llegado el momento de incorporar un nuevo indicador en la evaluación de nuestras políticas públicas: la rentabilidad ambiental. Así como medimos la rentabilidad económica de una carretera o la rentabilidad social de un hospital, también debemos ser capaces de estimar el retorno que genera restaurar un humedal, conservar un bosque nativo o recuperar una cuenca degradada.

No se trata de ponerle precio a la naturaleza, se trata de reconocer que perderla tiene un costo enorme para la sociedad y que conservarla genera beneficios concretos y medibles.  Invertir en capital natural no es solo una decisión ambiental, es una decisión inteligente para el desarrollo económico, la seguridad hídrica y el bienestar de las futuras generaciones.

Subir al comienzo del sitio