Catilina en las calles valdivianas

Catilina en las calles valdivianas

Catilina en las calles valdivianas
Imagen de contexto | Pexels
Catilina en las calles valdivianas
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Publicado por: Lorena Liewald Dessy

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Catilina, ¿hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia? Con esa pregunta, pronunciada por Cicerón (106 a.C.43 a. C) hace más de dos mil años, comenzó una de las denuncias más célebres contra quienes quisieron traspasar los límites de la convivencia y es una frase que conserva una vigencia sorprendente. Basta recorrer algunas calles de Valdivia para comprenderlo.

Las ciudades funcionan sobre la base de acuerdos. Las normas de tránsito, las veredas, los espacios públicos y las vías de circulación existen porque entendemos que el derecho de uno termina donde comienza el del otro. Sin embargo, cada día pareciera que esa premisa se debilita un poco más.

Las veredas han dejado de ser, en demasiados sectores, el lugar seguro para los peatones. Se transforman en estacionamientos improvisados donde automóviles ocupan el espacio destinado a quienes caminan, obligándolos a descender a la calle para poder continuar el trayecto. Lo que debería ser una excepción se ha convertido en una costumbre, y lo más preocupante es la naturalidad con que se acepta.

Algo similar ocurre en calle Pérez Rosales, donde la fila de vehículos que espera ingresar al Auto Mac de McDonald’s termina apropiándose de una vía completa. Lo que debiera ser una espera dentro de un recinto privado se traslada al espacio público, reduciendo la capacidad de circulación, generando congestión y aumentando el riesgo de accidentes. Quienes simplemente desean continuar su viaje deben soportar una interrupción provocada por una actividad comercial cuya operación no puede descansar sobre el sacrificio del resto de la comunidad.

La pregunta de Cicerón no apunta únicamente a quienes traspasan los límites sino también a quienes las toleramos. ¿Hasta cuándo aceptaremos que el incumplimiento de las normas sea parte del paisaje? ¿Hasta cuándo confundiremos comodidad con derecho? ¿Hasta cuándo permitiremos que el interés individual prevalezca sobre el bien común?

Valdivia es una ciudad que aspira a ser caminable, inclusiva y amable. Pero esos atributos no se construyen solo con ciclovías, pavimentos o nuevos proyectos urbanos, se construyen, sobre todo, con cultura cívica y con la certeza de que las reglas deben cumplirse y hacerse cumplir.

Cuando una vereda deja de pertenecer a los peatones y una calle pasa a ser la extensión de un estacionamiento privado, no solo se vulnera una norma de tránsito, se erosiona el principio básico de la convivencia y entonces, como hace más de veinte siglos, la pregunta vuelve a resonar con fuerza, Catilina, ¿hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia? puesto que, sin duda si el orador romano caminara hoy por Valdivia, probablemente volvería a pronunciarla.

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