Domingo 08 de noviembre de 2026 |
Publicado a las
09:55 | Actualizado a las 09:55
Analfabetismo vial
Analfabetismo vial
El analfabetismo ha sido entendido como la incapacidad de leer y escribir. Durante décadas, esta condición representó uno de los principales indicadores de desigualdad social y sobre ello, se han realizado grandes esfuerzos, aun así, los resultados obtenidos en nuestra pruebas nacionales no nos favorecen.
En la actualidad tenemos la claridad que saber leer no se encuentra necesariamente asociado a la comprensión de los que se lee y por lo tanto a una correcta interpretación de la información para su correcto uso. Según muchos estudios, nos hemos convertido en personas funcionales pero carentes de una mirada crítica y reflexiva que es lo que busca el desarrollo de la ciudadanía. Ello lo vivimos en todos los ámbitos de nuestro quehacer. Uno de ellos es el de la convivencia vial. ¿Podemos hablar de un analfabetismo vial?
Es cosa de observar nuestras calles para encontrar situaciones que parecen responder a una preocupante desconexión entre conocer las normas y comprender su sentido. Conductores que no respetan los pasos peatonales, vehículos que ignoran las señales de tránsito, automovilistas que utilizan sus teléfonos mientras conducen, estacionamientos indebidos y peatones que cruzan por lugares no habilitados son parte de una realidad que, lamentablemente, hemos comenzado a normalizar.
Lo que llama la atención, especialmente en el caso de los automovilistas, es que muchas de estas conductas no necesariamente responden al desconocimiento. Quienes conducen han debido aprobar evaluaciones para obtener una licencia, conocen las señales y, en muchos casos, saben perfectamente o debiesen saber, aquello que es correcto y aquello que no lo es. Ignorar la señalización y la reglamentación implica no comprender que detrás de ella existe una disposición destinada a proteger la vida, prevenir accidentes y regular la convivencia entre quienes compartimos un mismo espacio.
Lo preocupante es que como sociedad hemos ido justificando estas transgresiones. La prisa, la comodidad o la idea de que una infracción pequeña no tiene consecuencias terminan convirtiéndose en argumentos para vulnerar reglas que, exigimos que otros espeten. Queremos conductores responsables, pero no siempre estamos dispuestos a serlo; reclamamos seguridad vial, pero olvidamos que también somos parte de ella.
La educación, por tanto, no puede reducirse a la adquisición de conocimientos ni a la acumulación de certificaciones. También supone desarrollar la capacidad de comprender que vivimos en comunidad y que nuestras decisiones tienen consecuencias sobre otros. Una sociedad puede exhibir altos niveles de escolaridad y, aun así, evidenciar profundas carencias en materia de convivencia y responsabilidad ciudadana. Queda en evidencia que el analfabetismo posmoderno no es sólo no dominar redes sociales o inteligencia artificial, se expresa también en nuestras calles.







