Lunes 05 de enero de 2026 |
Publicado a las
07:31 | Actualizado a las 07:31
¿Qué turismo queremos para Valdivia?
¿Qué turismo queremos para Valdivia?
Hace un tiempo atrás nos referimos al gran potencial que tiene nuestra ciudad, y por cierto la región, como polo turístico. Esto no solo asociado a la belleza escénica que la distingue, sino también como un destino cultural, patrimonial y universitario. Valdivia ha construido, con el paso de los años, una imagen ligada a sus ríos, humedales, parques y a una vida académica activa que le otorga dinamismo y diversidad. Esas características han sido base en los planes de desarrollo.
Sin embargo, en las últimas temporadas se ha vuelto cada vez más visible un tipo de visitante que tensiona y cuestiona esa imagen, mochileros que pernoctan en espacios públicos, instalan campamentos improvisados y utilizan la ciudad como un simple lugar de paso, sin mayor vínculo con el territorio ni aporte a la economía local. Más aún, en algunos casos solicitan dinero a los transeúntes para financiar sus vacaciones, trasladando a la comunidad local el costo de una experiencia personal que no genera beneficios. Se trata de una situación que, probablemente, no afecta solo a Valdivia, pero que aquí adquiere especial relevancia por el uso intensivo de espacios céntricos y altamente valorados.
Este fenómeno no es únicamente un problema de imagen. Implica, además, el deterioro progresivo de los espacios públicos, acumulación de basura, uso inadecuado de servicios urbanos y crecientes tensiones con los vecinos, quienes observan cómo lugares pensados para el encuentro ciudadano, como las recientemente inauguradas plazas Pedro de Valdivia y Chile, se transforman en dormitorios informales, perdiendo su sentido original.
La pregunta de fondo es inevitable es ¿qué tipo de turismo queremos fomentar y bajo qué reglas de convivencia? Una ciudad que aspira a un desarrollo turístico sostenible no puede normalizar la ocupación permanente del espacio público como forma de alojamiento. Ello no solo afecta la calidad de vida de quienes habitan la ciudad, sino que también debilita cualquier estrategia seria de turismo sustentable.
Aquí se abre un desafío claro para la gestión local, fortalecer una oferta de hospedaje económico y regulado, mejorar la fiscalización del uso de áreas comunes y promover una cultura turística basada en el respeto al entorno y a la comunidad. Porque el turismo no es solo circulación de personas es, ante todo, una relación ética con el territorio y con quienes lo habitan.
Valdivia merece visitantes que la recorran, la disfruten y la cuiden. Porque una ciudad verdaderamente amable no es aquella que todo lo tolera, sino la que establece límites claros para proteger su entorno y, sobre todo, la calidad de vida de los valdivianos.







