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Los Opinantes Viernes 27 de Marzo de 2020 | Publicado a las 14:11 | Actualizado a las 14:11

El cuidado en tiempos del Coronavirus

Publicado por: Verónica Fuentes Guarda
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El cuidado es probablemente una de las actividades humanas más sensibles para las familias, pero muchas veces invisible. Sensible porque cualquier alteración en su organización acarrea una serie de trastornos, muchas veces negativos. Invisible porque, como trabajo, sólo es notado con claridad cuando no se ejecuta. Ya sea que el cuidado sea brindado en la […]

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El cuidado es probablemente una de las actividades humanas más sensibles para las familias, pero muchas veces invisible. Sensible porque cualquier alteración en su organización acarrea una serie de trastornos, muchas veces negativos. Invisible porque, como trabajo, sólo es notado con claridad cuando no se ejecuta. Ya sea que el cuidado sea brindado en la esfera privada, al interior de las familias, o en la esfera pública, a través de instituciones, resulta una actividad fundamental que permite reproducir la vida de los integrantes de las familias y de la sociedad en general.

Piense usted qué ocurre en su casa cuando la persona encargada de cuidar a los niños o niñas o está a cargo de un enfermo, no puede realizar esta labor; si la madre se enferma y no puede atender a los y las hijas; si una trabajadora doméstica no puede llegar y cumplir con su jornada laboral por cualquier razón o cuando la sala cuna o jardín infantil lo cierran. En todos estos casos, se pone en evidencia que la realización de la tarea de cuidado permite a los demás integrantes adultos de los hogares desarrollar sus actividades con normalidad.

Pero ¿qué pasa con el cuidado en tiempo del coronavirus? Todos y todas sabemos que nos enfrentamos a una crisis sanitaria, cuyas implicaciones de salud y económicas han sido ampliamente discutidas; sin embargo, una dimensión menos abordada se refiere a las consecuencias que la pandemia ha traído en materia de cuidados. Particular atención deberíamos prestar a aquellos hogares en que las necesidades de cuidado son más intensivas, vale decir, con niños y niñas menores de 5 años; con enfermos postrados; familias compuestas por adultos de la tercera edad cuidando a otros adultos mayores de la cuarta edad. En todos estos hogares, que el cuidador o cuidadora resulte contagiado puede tener un impacto negativo mayor en comparación a que el contagio recaiga en otro integrante. Esto porque las actividades de cuidado no pueden ser desarrolladas íntegramente mediante teletrabajo; es trabajo presencial e  in situ.

Lo previo nos lleva a preguntarnos acerca de qué capacidad tenemos como región y país de asistir y apoyar a tales hogares, en materia de cuidados, en un contexto de crisis como el actual. A nivel de las familias, la respuesta variará dependiendo del estrato socioeconómico al que se pertenezca y de las redes familiares disponibles. A nivel institucional, los gobiernos locales están sometidos a condiciones de desigualdad que merman sus posibilidades de respuesta. No obstante, recibir cuidados cuando más se requiere, no sólo es un acto de solidaridad o nobleza; es un derecho, y, como tal, debe ser parte de las discusiones que formulemos en torno al país que deseamos construir, si es que no deseamos dejar a la suerte individual una tarea vinculada a la continuidad de la vida y su dignidad. Cuidar(nos) nos hace humanos.

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