Sábado 04 de julio de 2026 |
Publicado a las
11:35 | Actualizado a las 11:35
Construir con memoria
Construir con memoria
El reciente terremoto que afectó a Venezuela nos vuelve a recordar la fragilidad de la humanidad frente a la naturaleza. En apenas unos segundos, la tranquilidad se rompió y se transformó en tragedia. La cantidad de muertos y heridos, junto a la destrucción material nos dejan, cada día, atónitos pese a que como país conocemos esa realidad.
Nuestra historia, está marcada por terremotos que han dejado profundas huellas, pero también valiosas lecciones. Así ha sido en el sur de nuestro país. Los efectos del cataclismo del 22 de mayo de 1960 nos hicieron comprender que la reconstrucción no podía limitarse a levantar nuevamente los edificios caídos. Era necesario aprender a convivir con un territorio dinámico, donde la geología, el agua y el suelo forman un todo inseparable de cualquier proyecto urbano.
Las normas constructivas chilenas no son una casualidad ni un exceso burocrático. Son el resultado de décadas de investigación, ingeniería y memoria colectiva. Gracias a ellas, miles de vidas se han salvado frente a eventos sísmicos de gran magnitud e intensidad. Sin embargo, la resiliencia de una ciudad no depende únicamente de la calidad de sus edificaciones.
En Valdivia, así como en otras partes de Chile, conocer las características del suelo es tan importante como calcular correctamente una estructura. Los antiguos humedales, las terrazas fluviales y los terrenos de relleno responden de manera distinta frente a un terremoto. Ignorar esa realidad puede amplificar los daños, mientras que incorporarla en la planificación urbana permite construir con mayor seguridad y responsabilidad. El terremoto del 2010 y el lamentable colapso de algunos edificios con graves consecuencias, nos volvió a recordar ello.
En este contexto, los humedales que han estado en el debate en el último tiempo adquieren un valor que trasciende lo ambiental. Son parte de la memoria geológica del territorio y actúan como indicadores naturales de las condiciones del suelo. Urbanizarlos indiscriminadamente o desconocer su funcionamiento significa aumentar nuestra vulnerabilidad y perder un patrimonio ecológico irremplazable.
Cada terremoto ocurrido en cualquier rincón del mundo nos interpela. No es solo una noticia distante, es una oportunidad para revisar cuánto hemos aprendido y cuánto estamos dispuestos a respetar el territorio que habitamos. La verdadera prevención no comienza cuando tiembla la tierra, sino mucho antes, cuando planificamos nuestras ciudades con conocimiento, cuando protegemos nuestros humedales y cuando entendemos que la memoria de los desastres debe convertirse en una guía permanente para construir un futuro más seguro.





