Lunes 12 de octubre de 2026 |
Publicado a las
12:04 | Actualizado a las 12:04
Humanidad, nuestra gran brecha
Humanidad, nuestra gran brecha
Algo me ha preocupado enormemente, me refiero a las mofas que se han generado producto del aluvión del jueves en la comuna de Las Condes. Ello por ser un sector asociado a un alto nivel de ingresos.
Esto, además de evidenciar la vulnerabilidad de una ciudad, ha dejado de manifiesto que aparentemente se asume, que la vulnerabilidad está asociado sólo a sectores con bajos ingresos y, por ende, nuestra reacción ante una catástrofe se condiciona a una escala salarial. Por ende, todos aquello que fueron afectados directa o indirectamente por el aluvión no merecen recibir una palabra solidaria, una actitud empática puesto que perder bienes, enfrentar emergencia parece ser un privilegio reservado sólo a algunos sectores sociales.
Es legítimo cuestionar la desigualdad, la segregación urbana, etc. y trabajar para que las brechas vayan disminuyendo, así como también, debemos preguntarnos sobre la planificación territorial, la gestión del riesgo y las responsabilidades de las autoridades. Pero una cosa es cuestionar las estructuras que reproducen privilegios y otra, muy distinta, es burlarse de quienes enfrentan una tragedia.
La diferencia no es menor. La crítica social busca comprender y transformar las condiciones que producen desigualdad. La burla, en cambio, reduce el sufrimiento a una revancha y cuando celebramos la desgracia ajena porque creemos que afecta a quienes tienen más, corremos el riesgo de reproducir la misma lógica de indiferencia que tantas veces denunciamos.
La solidaridad no es un recurso que transamos de acuerdo con nuestra condición socio económica, ni un beneficio que se asigna por una ficha social. Despojar a una víctima de su condición de tal producto, de su lugar de residencia no es justicia social es, lisa y llanamente, el síntoma de una sociedad que ha comenzado a perder o ya ha perdido completamente, la compasión, la empatía, la ética
Finalmente, el aluvión nos recuerda que la geografía y la naturaleza no discriminan clases sociales. Desconocer ello, a través de la burla ha dejado en evidencia que la verdadera brecha en nuestra sociedad no es de carácter económico sino de humanidad.







