Las tomas, tiranía de unos pocos

Las tomas, tiranía de unos pocos

Las tomas, tiranía de unos pocos
Protesta de pescadores en Valdivia
Las tomas, tiranía de unos pocos
Protesta de pescadores en Valdivia

Publicado por: Lorena Liewald Dessy

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En uno de los días de mayor calor del verano y con la ciudad colmada de turistas, Valdivia volvió a quedar rehén de la acción de unos pocos. La toma del puente Pedro de Valdivia por parte de pescadores no solo interrumpió un eje primordial de tránsito , sino que expuso, una vez más, cómo la protesta sin límites termina transformándose en una forma de tiranía cotidiana.

Valdivia, producto de su emplazamiento no es una ciudad cualquiera en materia de conectividad.  Bloquear el puente Pedro de Valdivia, en este caso,  en pleno verano significó congestión extrema, retrasos, estrés para vecinos y visitantes, y un impacto directo en el comercio, el turismo y los servicios. A ello se sumaron daños a la infraestructura pública, cuyo costo, como es habitual, no recae en quienes protestan, sino en toda la comunidad.

La situación se agrava cuando estos hechos no son aislados. A la toma del puente se suma la ocupación en el sector Las Mulatas, que además de los problemas propios de una toma irregular, impide la conexión hacia y desde el Torobayo. Esto no es un detalle menor, se trata de un servicio que, descongestiona otros accesos a la ciudad. Cuando se corta esa conexión, se profundiza la sensación de abandono y desorden.

Nadie discute la legitimidad de las demandas sociales ni la difícil situación que enfrentan muchos sectores productivos. Pero una cosa es exigir soluciones y otra muy distinta es paralizar la ciudad, vulnerar derechos de terceros y dañar bienes que son de todos. La protesta pierde legitimidad cuando se ejerce a costa del bienestar colectivo.

Lo preocupante es la normalización de estas prácticas. Cortar un puente, tomarse un terreno o bloquear un servicio esencial parece haberse convertido en un recurso habitual, casi automático, ante la falta de respuestas. Sin embargo, el efecto que genera en la comunidad es complejo puesto que, entre otros, erosiona la convivencia, debilita la autoridad del Estado y transmite la idea de que quien grita más fuerte logra imponer su voluntad.

Valdivia y nuestro país merecen algo mejor. Merecen diálogo, soluciones institucionales y manifestación de las problemáticas sin dañar a la ciudadanía. Porque cuando unos pocos se arrogan el derecho de paralizar la ciudad, lo que se instala no es justicia social, sino la tiranía de unos pocos sobre una mayoría  que hasta el momento se ha mantenido silenciosa.

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