PAES, liceos emblemáticos y política pública

PAES, liceos emblemáticos y política pública

PAES, liceos emblemáticos y política pública
Imagen de contexto | Seremi de Educación
PAES, liceos emblemáticos y política pública
Imagen de contexto | Seremi de Educación

Publicado por: Lorena Liewald Dessy

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Los recientes resultados de la prueba de selección universitaria (PAES) han vuelto a instalar un debate recurrente vinculado a las diferencias entre establecimientos particulares, particulares subvencionados y públicos. Este año, el bajo rendimiento de varios liceos considerados emblemáticos ha sido un verdadero remezón. Instituciones que durante décadas simbolizaron excelencia académica, movilidad social y liderazgo intelectual hoy aparecen relegadas en los rankings generando, claramente frustración.

¿Por qué ha sucedido esto? Claramente, durante el año escolar hemos sido testigos de problemas disciplinarios y de violencia al interior de algunos de ellos. Obviamente, no podemos asignar los resultados sólo a esa temática. Los liceos emblemáticos no existen en el vacío, son el reflejo de un sistema educativo tensionado por los cambios en el país lo que no siempre han sido acompañados de políticas públicas coherentes y sostenidas.

Durante años, estos establecimientos concentraron a estudiantes con alto capital cultural y académico, seleccionados bajo criterios que hoy ya no existen. La eliminación de mecanismos selectivos, sin un fortalecimiento paralelo de los proyectos educativos, del apoyo pedagógico y de las condiciones de enseñanza, ha generado un escenario desafiante que claramente no ha tenido un soporte sólido desde los organismos estatales responsables.

El problema, por tanto, no es que los liceos emblemáticos hayan fracasado. Tampoco es responsabilidad de la educación subvencionado y privada puesto que estos dos actores tienden a ser demonizados fácilmente. La problemática es que, tras los cambios en el sistema de ingreso, no se han definido y estructurado adecuadamente, los objetivos para ellos. ¿Deben seguir siendo espacios de alta exigencia académica? ¿Cumplir un rol de integración social? ¿O ambas cosas a la vez? Sin una respuesta clara, cualquier medición estandarizada termina siendo una fotografía sin contexto.

Los resultados de la PAES debieran invitarnos menos a la nostalgia y más a la reflexión. No se trata de restaurar el pasado, sino de construir un nuevo sentido de excelencia, uno que combine calidad, equidad y apoyo real a las comunidades educativas.  

Mientras sigamos usando los puntajes de manera antojadiza y no como insumo para la política pública el debate seguirá siendo estéril y el país el gran perjudicado.

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